miércoles, 19 de noviembre de 2014

La Ciudad de los Palacios. Crónica de un Viaje Aplazado. Día 1

Por no pedir factura y pagar en efectivo, TaxiExpress nos llevó al aeropuerto cobrando $190. A las 4:15am, llegó puntual por nosotros. A esa hora la ciudad está sola. El chofer pide el VoBo para su ruta propuesta. Aprobado, su Señoría. La mañana es fresca sin llegar a ser fría y la chamarra de cuero me estorba. Llegamos a la terminal 2 y la revisión de equipaje es exhaustiva, me siento en "Expreso de Medianoche" y ya veo a la encargada gritando que encontró hachís en mi maleta. 

Al documentar nos avisan que por ser Lolita mayor de 60 años, abordaremos el avión en el segundo grupo, el "S" (Viva Aerobus no asigna lugares, los pasajeros se acomodan como van llegando). En Viva Aerobus te cobran de todo, si te descuidas al momento de reservar te venden servicios y coberturas que son poco menos que ínútiles.  Así que ojo con la vacunada. Al abordar el avión, Elizabeth, una compañera de la universidad me reconoce, me saluda con cariño y me encarga a sus hijos adolescentes que viajarán solos a México City.

En la sala de espera, hay un niño como de tres años que se tira a hacer berrinche como si tuviera un ataque epiléptico; nos causa mucha ternura y nos cae en gracia. Todo es risa y diversión hasta que descubrimos que el plebito se sienta justo detrás de nosotros, regalándonos una hora de berridos, patadas, berrinches y los papás modernos "negociando" con el pequeño Hitler. Secretamente deseo que le dé un paro cardiaco al escuincle, parálisis cerebral o mínimo que que se le rompa una cuerda vocal. Pasa el carrito con los sobrecargos vendiendo sandwiches, refrescos, cervezas para los crudos, me divierte mucho la vendimia, casi casi veo humear las guasanas y el camote de cerro.

La mañana es hermosa, soleada. Cuando bajamos a la Ciudad de México, todo se oscurece, todo se ve amarillo, jejeje, "Pobres paisanos" Pienso, "Que casi no ven el sol como en Tapatilandia". Nuestro equipaje llega sin problemas y al parecer completo. Lolita estaba muy preocupada por que le fueran a robar su J'adore de Dior de la maleta, y se negó a dejarlo en su casa, primero muerta que sencilla. Hay que conseguir taxi para el hotel. Ya se me había olvidado lo folcklóricos que son mis paisanos, nomás me ven la cara de fuereño y me empiezan a gritar: "Taxi, caballero, taaaxi" y ni hablar, la que grita más fuerte es a la que la hago caso y le compro el pasaje, porque hay para mi sorpresa, como cuatro compañías distintas. Aquí quiero hacer un paréntesis para decir que cuando se viaja, inevitablemente se compara nuestro lugar de origen. Yo, nacido en la Ciudad de México y criado en Guadalajara desde que tenía año y medio, soy hijo de ambas ciudades, así que puedo opinar libremente de las dos sin ánimo de menospreciar a una ni a otra, no escupiría al cielo, no renegaría ni de la tierra que me vio nacer ni de la que me crió. Hecha esta anotación, continúo. 



Había olvidado también, el ritmo y la organización de la ciudad, así como el espíritu de servicio de todos. Un maletero nos ve con el boleto del taxi deambulando en la entrada y sin preguntarle nada nos indica a dónde debemos ir. Aquí la regla es: "TODO se vale, pero hazlo rápido y no estorbes". En un santiamén ya estamos en el taxi rumbo al hotel. El norte de la ciudad es tal vez la parte mas desangelada. Conforme caminamos hacia el sur, la vista mejora mucho. Tenía más de 20 años sin visitar mi terruño. La ciudad está hermosa, me quedo impactado por lo limpia que la veo. Mucho más que GDL. El taxista no es muy sociable ni amable, pero será la excepción en el viaje.  Al llegar al Hotel Benidorm, en la Roma Norte, descubro que ya pusieron un metrobús enfrente y que los edficios de renta congelada de hace 20 años siguen ahí, sin una gota de pintura y muy deteriorados, con un aire nostálgico como de Berlin Oriental en plena Guerra Fría.

El hotel en cambio ha sido remodelado y ampliado. La chica de recepción, nos recibe con la noticia de que no tiene cuartos desocupados hasta la hora oficial del check in (3pm), Lolita pela tamaños ojos porque eso no estaba en los planes. Ambos nos bañamos la noche anterior pero en la mañana no, pues pensábamos hacerlo al llegar al DF, así que el baño completo, tendrá que esperar: puro baño vaquero, jeje. Nos arreglamos en los baños del hotel, hay una convención de jóvenes indígenas, mucho movimiento por todos lados. El hotel en teoría es de 5 estrellas, pero en realidad es de 4. Es cómodo, bien ubicado (al menos para nuestros planes) limpio y de buen servicio. Desayunamos en un Potzolcalli que nos queda a una cuadra, todo el personal es platicador y dicharachero. En México de todo te hacen plática y bromean, en todos lados, cosa que en GDL no es tan común. Me refino un omelette con champiñones y huitlacoche y mi madre una pancita estilo México. Ya estamos en Chilangolandia. La Ciudad de los Palacios.


Bibi y Adriana, mi tía y mi prima por adopción, llegan por nosotros a las 12 pm, con un taxista de su confianza, el tocayo Raúl que nos moverá los siguientes 5 días y que descubrirá su vocación de guía de turistas con nosotros. Nos da un enorme gusto vernos, nuestros padres fueron amigos desde la adolescencia y la amistad continuó con sus retoñitos. Mis padres fueron padrinos de XV de Adriana y Ladislao, su padre, fue mi padrino de Primera Comunión.  El primer día lo dedicamos al Centro Histórico. El tocayo nos deja en Bellas Artes. Al bajarme me siento la India María en NY. Ya había olvidado lo grande y majestuoso que es todo en esta ciudad. Bellas Artes no alcanza a percibirse en su esplendor en las fotos. Es enorme y muy bello. Su interior no me gusta tanto, pero nos metimos a curiosear un poco. Nos atravesamos a visitar una iglesia antiquísima la de la Villa de la Vera Cruz, está súper chueca la construcción, incluyendo el piso, y yo me voy de lado pensando que quedé turulato por el avión. Huele a orines de murciélago, a humedad. Después de darnos una vueltecita por La Alameda Central,  caminamos por la 5 de mayo rumbo al zócalo. Es impresionante la cantidad de gente que veo: me siento en Calcuta. Nos detenemos en cada iglesia que vemos. Todas son bellísimas, enormes, antiguas y más bien descuidadas. Entramos a tomar algo a la Casa de los Azulejos. El lugar sólo lo conocía en fotos, que no le hacen favor. Es precioso, lo recorremos enterito mientras nuestras anfitrionas nos esperan en la mesa del patio.  











Veo la 5 de mayo y honestamente no le pide nada a las ciudades más bonitas de Europa (sí conozco varias en vivo). En ella encuentra uno cualquier tipo de comercio, desde una casa de cambios hasta un billar, pasando por tiendas outlet de marcas conocidas, las mujeres las descubren y se meten un ratito a hacer mini shopping. Ya es tarde, ya hace hambre, huele a sopa. Así que nos dirigimos a Palmas 23, donde se encuentra el Restaurante El Cardenal,  que nos han recomendado amigos; después de esperar unos 25 minutos (aquí hay que hacer fila para TODO), nos asignan mesa. Al poco rato llegan mis sobrinas Ximena y Mariana, las hijas de Adriana, unas muchachotas hermosas y súper simpáticas que en ese momento conocemos. El lugar es de varios pisos, a nosotros nos asignan en planta baja, es una casona vieja. La decoración es conservadora, la comida deliciosa y el servicio inmejorable. Es alta cocina mexicana, yo pruebo un mole coloradito, Lolita una barbacoa de borrego estilo Texcoco, los postres una delicia, el mío era algo que llevaba guayaba, y bueno, hasta cafecito y todo. La sobremesa es deliciosa y el sol empieza a bajar.

Por fin llegamos al Zócalo, donde le damos una revisadita a la Catedral, a sus excavaciones que se pueden apreciar protegidas por cristales,  y llegamos hasta el Templo Mayor, pero ya no entramos (hace muchos años, mi padre, El Gordo, ya nos había llevado a conocer a detalle las excavaciones). Palacio Nacional es imponente, está lleno de militares porque hay visita oficial de la República de China. Aunque ya conocía el Zócalo, quería volver a verlo, es el centro de mi país, el corazón de mi nación.  Luego regresamos y nos metemos al Gran Hotel Ciudad de México, que tiene una hermosa decoración Art Decó, unos candiles impresionantes y un elevador panorámico hermoso. A estas alturas, Lolita y yo ya pedimos esquina. Tenemos despiertos desde las 3:45am y ya nos llegó el sueño, el dolor de pies y las ganas de tendernos en nuestras camitas. El teatro tendrá que esperar para otro día porque definitivamente estamos exhaustos. Nos llevan al hotel y eso sí, no perdonamos nuestra cena en el Potzolcalli que vuelve a estar deliciosa. Por fin a dormir. Mañana será otro día. Caemos muertos y felices con nuestro reencuentro con La Región más Transparente. Mi ciudad. Nuestra ciudad.