sábado, 13 de noviembre de 2010

Otra visita de Huitzipin Ayoztli. Cuento de Raúl Antonio Reding. Marzo de 1996.


Durante meses me dediqué a seguirla, a observarla. Estudié todos sus movimientos, sus costumbres, me aprendí de memoria sus horarios. Era bella y diferente a las que conocía. Se veía tan triste, tan sola, que pensé que le haría un favor al capturarla y tenerla a mi lado. Sus alas brillaban y sus plumas como pelusa fina, se mecían cuando volaba cerca de mí. Gasté noches de insomnio en armar la estrategia más segura que me llevara a cazarla. Diseñé y construí la trampa cuidando cada detalle. Coloqué la carnada y me senté a esperar. Ella planeaba, se acercaba, miraba de reojo el artefacto, después se alejaba, tímida, pero revestida de una dignidad que me hacía desearla más. Transcurrieron una, dos, tres semanas en las que dediqué todo mi tiempo a la captura. El sábado de la cuarta semana, ella se acercó más a la trampa. Se posó en ella y tras un titubeo, cayó. Era mía por fin.



La llevé a mi casa, y la coloqué en una jaula amplia y bien pintada. Lo que tanto había deseado, ahora vivía conmigo. Yo la alimentaba y la limpiaba diariamente. Le cumplí cada uno de sus antojos. La adoré. Mis amigos empezaron a murmurar que la estaba chiqueando demasiado, que no le prestara tanta atención. Ya deja ese pinche pájaro. No les hice caso, pensé que me tenían envidia. Me alejé de ellos y de sus consejos. Ella crecía. Se veía cada día más sana y más viva. Llegó el momento en que mis palabras sólo podían referirse a ella, mis oídos solo escuchaban sus gorjeos y mis ojos no se gastaban en algo que no fuera contemplar sus líneas suaves, limpias, inquietantes.



Un domingo nublado, amanecí enfermo. Tenía náuseas, fiebre y salpullido en todo el cuerpo. Me asusté y llamé al doctor, quién me fue a ver y tras un minucioso examen, me ordenó unos análisis. Yo siempre había sido un hombre muy sano. Los resultados de los análisis llegaron. El doctor me miró preocupado, casi con lástima cuando leyó aquel papel. Tú enfermedad es muy rara en humanos. Es producida por un microorganismo que sólo habita en animales. Produce un daño profundo en el sistema nervioso central y en el inmunológico. En las primeras etapas, el paciente sufre de los síntomas que has tenido hasta ahora. En la segunda etapa, se sufre de pérdida de la memoria, sentimiento de angustia, taquicardias, opresión en el pecho. En la tercera, a menudo surgen infecciones como complicación y después el virus ataca las neuronas de manera irreversible hasta provocar pérdida de la razón, ceguera, sordera y finalmente la muerte, al afectar los movimientos autónomos del corazón y pulmones.



Trago saliva, respiro hondo, la boca se amarga, el corazón se hace chicle. ¿Pero entonces, no es curable? ¿Me voy a morir? Podemos intentar un tratamiento agresivo con antibióticos experimentales, pero no te puedo mentir, Alberto, las probabilidades de éxito son pocas. En verdad esto es un caso muy raro en humanos. Lloré en el consultorio, como sólo yo sé hacerlo. Decidí iniciar el tratamiento de inmediato. Mi mundo se convirtió en inyecciones en la madrugada, pastillas cada hora, ungüentos y polvos para las llagas que se habían formado en todo mi cuerpo. Me convertí en una pústula viviente. En la frente me salieron unos chipotes duros que se fueron calcificando. La piel de mis manos se hizo seca, correosa y mis dedos se juntaron en una masa sanguinolenta con apariencia de pezuña. A mí no me dolía tanto lo que me estaba ocurriendo, como el hecho de que nadie se ocupara de mi mascota.



Una tarde en la que el doctor fue a revisarme, me preguntó: ¿qué es eso que tienes en la jaula del jardín? Es mi mascota. Deshazte de ella. ¿Por qué? No puedes tener animales en casa, tú sabes que tu enfermedad proviene de ellos. Es probable que ese pájaro te haya contagiado el virus y no quiero tener el peligro de reinfecciones. No lo creo. Ella es muy limpia. Bien pude haber pescado el bicho de mi gato o de mi perro. No, eso no es posible, el virus que te atacó sólo habita en aves. Yo no quería desprenderme de ella. Era lo único que me daba alegría en mi enfermedad. Pero el doctor fue tajante: “No animales, Alberto”.



Pregunté entre mis amigos y conocidos cuando me iban a visitar, quién quería quedarse con ella por un tiempo. Tenía la esperanza que al sanar, podría recobrarla. Nadie quiso cuidarla ni siquiera temporalmente. El doctor, en su siguiente visita, me recordó su prohibición y una noche tuve que dejarla ir. La observé confundido, por tantos dolores que me agobiaban. Le pedí perdón y después de acariciarla largo rato, abrí la jaula para verla elevarse en la oscuridad. Ahora sí que me sentía solo. En los días siguientes, el tratamiento empezó a dar resultados. Mis llagas empezaron a cerrarse muy lentamente, mis manos volvieron a su forma habitual y los chipotes de la frente se empezaron a suavizar hasta dejar sólo dos leves cicatrices que aún conservo y que me dan comezón cuando hago ejercicio. A los cuatro meses, el doctor me dio de alta.

Festejé con una reunión de amigos. Lorena, una amiga que es una investigadora en mitología prehispánica, se acercó a mi y me dio un sobre amarillo. Léelo cuando tengas tiempo. No te burles de mí. Cuando todos se marcharon, abrí el sobre y encontré una fotocopia de un antiguo códice, con una ilustración de un ave muy parecida a mi mascota perdida, que tenía el siguiente texto:



"Huitzipin ayoztli. Ave de la mitología netzal. Según la leyenda, nació de los amores prohibidos entre el camaleón y la paloma. Los netzales creían que representaba el castigo a la obsesión y a la necedad, por violentar el orden natural al mezclarse dos especies distintas. La mitología sostiene que el ave se alimentaba de la soledad del corazón y de las almas ingenuas. Podía tomar distintas formas, engañando a su presa. Al encontrar a su víctima, era capaz de convertirla en el animal que quisiera con sólo dejarse adorar. La víctima moría al secársele el cerebro y entonces la huitzipin ayoztli la devoraba. Sólo así podía sobrevivir." Me reí y guardé el papel. Ahora, años después, yo no sé qué pensar de esa fotocopia. Pero me estremezco al recordar esos días en los que estuve a punto de convertirme en buey.


miércoles, 3 de noviembre de 2010

"Madrid-México para principiantes" Crónica de Raúl Antonio Reding. Abril de 1996.

MADRID-MÉXICO PARA PRINCIPIANTES


Suena el teléfono. La voz siseante me avisa:"Son las 6 en punto señor, que tenga buen día" Gracias. Me despierto después de una noche de sueño ligero, nervioso. Tardo unos segundos en ubicarme. Me levanto de la cama, abro las cortinas. Es una mañana fría, soleada. Es mi último día en el Hotel Excélsior, en Madrid. Hoy termino un viaje de placer y debo apresurarme para tomar el vuelo a la Ciudad de México, que sale a las 11 de la mañana.



Me baño, me visto. Un poco de fijador en el pelo para aguantar 11 horas de avión. Acomodo sobre el tocador unas revistas que dejé tiradas en el suelo la noche anterior, cuando leía un artículo sobre la Comunidad Europea; las llevaré en el maletín de mano, para leerlas durante el trayecto de vuelo. Busco la tarjeta con la que se abre el cuarto. No la encuentro. Remuevo cobijas, sábanas y ropa. Nada. Son las 6:45. No puedo salir si no encuentro primero la tarjeta. Abro cajones, el clóset. No la encuentro. Levanto una charola con restos de mi cena de la noche anterior (gazpacho andaluz, club sandwich y cerveza clara), y ahí está. La tomo, cierro dando un portazo. El elevador se acerca a mi piso. Me pego al botón, observo que la luz indicadora se detiene en el piso anterior. Miro la alfombra roja del hotel, las reproducciones impresionistas que intentan alegrar los pasillos oscuros y percibo ese olor tan característico de Madrid, que me desagrada. El elevador ahora desciende, pero sin mí. Bajo por las escaleras. -Buen día, señor. ¿Toma usted café?.-Por favor-. El servicio en Europa es lento, tanto, que me hace suspirar por un Vips o un Denny´s de Guadalajara. -Capitán, disculpe, tengo un poco de prisa, mi vuelo sale al rato y no me traen mi desayuno-. El hombre, gordo, canoso y colorado, se molesta, y me regaña por impaciente. En España te regañan a la menor provocación. De cualquier forma, mi desayuno llega. Cereal insípido, jugo de naranja sintético y un café aguado. Mordisqueo una pieza de pan que no tiene equivalente en México, por su dureza y sabor a carbonato. Por las ventanas del hotel observo la avenida llena de árboles y construcciones color marrón y mostaza, hay muy poca gente caminando. Recibo la cuenta; aparece en ella una tortilla que nunca encargué. Debo convencer al mesero de que yo no ordené ni recibí la hispana tortilla. El mesero me pide que espere, va a hablar con el capitán. El capitán y el mesero mueven mucho los brazos, gesticulan enfadados. El mesero va a la caja, revisa unos papeles, regresa a mi mesa pidiendo una disculpa. Firmo la nota, abandono el comedor. Son las 7:40. La idea de regresar a mi país me da gusto y nervios a la vez. No tomo el elevador, voy directo a las escaleras. Empiezo a subir corriendo. Tengo un retraso en mis planes de 40 minutos. Llego al cuarto e introduzco la tarjeta. Forcejeo. La puerta se resiste. Pinches tarjetas, cómo no ponen llaves normales. Después de unos segundos de lucha, la mitad de la tarjeta se ha quedado en la chapa y yo, aterrado e incrédulo, sostengo la otra mitad. Bajo a la administración, le explico al encargado lo que me ocurrió. El tipo me escucha con atención y con absoluta cara de desprecio me informa que la reposición de la tarjeta me costará 1,500 pesetas, pero que debo esperar, porque el encargado de mantenimiento llega en media hora. -¿Nadie más puede abrir mi puerta?-, -Lo siento, señor, él es el único autorizado para cambiar el cerrojo-. Me siento en el lobby y espero a que llegue el Amo de las Tarjetas. Jugueteo con mi reloj. Lo abrocho-desabrocho en un intento por tranquilizarme, por convencerme de que tengo muy buen tiempo y no hay nada de qué preocuparse. Mi respiración es ahora más rápida. Recuerdo que todavía me falta empacar los artículos de tocador junto con algunos regalos que no quise poner en mi maleta grande. Cruzo la pierna, cruzo la otra. Enciendo un cigarro. Junto a mi pasan maleteros y turistas que no se compadecen ni se enteran de mi pequeño drama. A las 8:15 me acerco al mostrador y el encargado me dice que suba al cuarto, que el empleado de mantenimiento estará conmigo en unos minutos. Subo las escaleras de dos en dos.



Cuando llego al cuarto, ya se encuentra un cincuentón con el uniforme azul y gris del hotel, desarmando la chapa. El cerrojo, como dicen aquí. -Vale, que ha tenido suerte, ¿eh? me ha tocao hoy entrar temprano...no se apure, hombre, que unos minutitos está su cuarto abierto..Venga, ahí está.- Le ofrezco una propina que él rechaza. -No hombre, por favor, que es mi deber-. Entro entonces al cuarto y tomo la pila de revistas, agradecido, se las obsequio -Para que conserve un recuerdo de México- le digo. Me da las gracias y me desea buen viaje. Entro al baño, meto lo que faltaba empacar en una bolsa de lona. Al tomar un frasco de perfume se me resbala y se rompe. Pinche frasco, mis 300 francos a la basura. Me cagan las prisas. Todo huele a Jazz, de Yves Saint Laurent. Recojo los vidrios, los arrojo con coraje al bote de basura. Reviso debajo de la cama, abro todos los cajones, no debo olvidar nada. Saco mis boletos del bolsillo de la chamarra para estar seguro que los llevo conmigo. Mi pasaporte, ¿dónde lo dejé? Meto la mano en la bolsa de la camisa, ahí está, siento el plástico tibio. Recojo unas monedas, busco los billetes de pesos en mi cartera, sí ahí están. Todo en orden. Miró el reloj: 8:27. Bueno, ahí la llevo. Me miro en el espejo y descubro una mancha en mi camisa. La examino de cerca, descubro que es sangre. Me desabrocho, y al hacerlo me doy cuenta que tengo unas cortada minúscula en el dedo índice. Debió ser con los vidrios. Me chupo la herida mientras busco en mi botiquín de viaje un curita. Un curita que no existe, porque entonces recuerdo que usé el último cuatro días antes, cuando me ampollé el talón de tanto caminar en Barcelona. Con el dedo en la boca, que me da una expresión de niño bobo, llamo a recepción y les pido un botones. A las 8:40 aparece un joven con aspecto de árabe que me da los buenos días y acomoda mi equipaje en su carrito. Bajamos por el elevador. Piso 9,8,7. Se detiene. Una pareja de viejitos centroamericanos, con un montón de niños, un botones y otro carrito de maletas, pretenden unirse al descenso. Entran, salen, se acomodan, discuten entre sí. No saben si esperar el siguiente viaje o embarcarse unos ahora y otros después. Mi reloj me grita 8:53. Los viejitos deciden esperar. Abandonan el elevador. Los odio. Llegamos a la planta baja. Me acerco al mostrador, pido mi cuenta. La cajera es una joven de piel blanca, pelo negro y ojos azules que me mira atenta mientras me pide mi nombre completo. Se lo doy, le digo que tengo prisa, que mi avión sale en dos horas, agrego que tengo que estar una hora antes en el aeropuerto. Ella sonríe, asegura que en un momento todo estará listo. Teclea en su computadora, revisa unas tarjetas, anota algo en ellas. Escucho, pero no alcanzo a ver una impresora. -Su cuenta total es de 12,345 pesetas-. Le digo que está bien y le entrego mi tarjeta de crédito. La revisa atentamente, luego la inserta en la maquinita que da las autorizaciones. En la pantalla aparecen unas letras. La cajera se vuelve hacia mí: -Tendrá que esperar unos minutos señor, no tenemos línea, pero no creo que se demore. Tome asiento, por favor.-Tomo asiento, qué me queda. Otro cigarro. El hotel está lleno de turistas japoneses en bermudas y de americanos con camisas floreadas que vienen a hacer rendir sus dólares en esta España de las pesetas devaluadas, del servicio lento. Se acerca a mí una güerita con traje sastre rojo y blanco, quién me ofrece una excursión al Valle de los Caídos y a Toledo. Le doy las gracias, le explico que estoy a punto de marcharme, y que espero la autorización de mi tarjeta de crédito. -Vive dios, si a veces eso tarda un horror, sobre todo cuando la tarjeta es de América...- Al escucharla siento burbujas en mi estómago y le digo que no me eche la sal.-¿La sal? ¿y qué se entiende por eso?- -La mala suerte,- le explico, -así decimos en México-. Se despide, me desea un buen viaje y se aleja a un grupo de turistas brasileños. Voy con la cajera, le pregunto por mi tarjeta. -No se apure usted, que ya hay línea, en unos segunditos está su autorización. Tome usted asiento-. Lo que quiero es tomar mi avión. Espero de pie, hasta que la cajera me hace una seña y me pide que firme el vaucher. Me da la copia doblada con la tarjeta, me desea un feliz viaje y que vuelva pronto (Todos me desean buen viaje, pero no me dejan ir rápido). -Muchas gracias-, contesto tartamudo. Pido un taxi al conserje. Los taxis en Europa los importan de Liliput, el taxista batalla mucho para acomodar mis maletas. -Que se ha cargado usted con todo, ¿eh? Ustedes los mexicanos sí que saben gastar.-Le informo que sólo es mi ropa y libros, que tengo mucha prisa, que debo estar en el Aeropuerto a las 10 y que son las 9:30. El taxista me tranquiliza. Dice que en 15 minutos estamos en Barajas. Arrancamos. Como en México, los taxistas españoles son bromistas, platicadores y metiches. Me advierte que por cada kilo de sobrepeso se pagan 100 dólares. Palidezco. No tengo idea cuál sea el límite de peso, pero pienso que hubiera sido mejor embarcar los libros por correo. El tráfico es lento, se detiene al llegar a la Plaza del Sol. -Que nos ha pillado un atasco-dice el taxista. -¿Un qué?- Un atasco, el tráfico hombre,- Ah, un embotellamiento-. El taxista se ríe de la palabrita, me informa que no hay problema, que sí llegamos a tiempo. A vuelta de rueda abandonamos el centro de Madrid hasta tomar una avenida ancha que nos lleva al Aeropuerto. Le informo al taxista por cual línea viajaré, y él después de echar maldiciones y pelearse con otros conductores, me deja frente a la sala indicada. Le pago. No tiene cambio. Todos son iguales, son una raza aparte. Ni modo, que se quede con el cambio. Bajo mis maletas, las cargo y busco en una hilera larguísima, el mostrador que diga Ciudad de México, Vuelo 945. Nada. Me desespero, corro de aquí para allá, como cucaracha perseguida, pregunto, nadie está seguro. Y yo que pensaba que eso sólo ocurría en mi país. Al fin encuentro el mostrador y descubro que hay otros 40 pasajeros haciendo cola para registrarse. Son las 10 en punto, ya la libré. La fila avanza rápido. Llego al mostrador, entrego mis boletos. Quiero ventanilla por favor. Sólo tengo en sección de fumar. Está bien. Su pasaporte, por favor. Meto la mano en mi camisa y lo que saco no es mi pasaporte. Es una mica con publicidad del hotel donde apunté unas direcciones. Qué imbécil, cómo no lo revisé bien. La empleada de la aerolínea me observa impaciente mientras revuelvo los bolsillos de la chamarra, de mi maletín, de mi pantalón. Siento la mirada de los que esperan detrás de mí. Le explico casi gritando a la señorita que no encuentro el pasaporte. Me dice que reservará mi asiento, pero que no me puede dar el pase de abordar sin el pasaporte. Me hago a un lado de la fila, trato frenético de recordar dónde lo dejé. Estaba seguro que lo había puesto en la bolsa de la camisa. Ayer lo ví, cuando lo usé como separador de las revistas que estaba leyendo...claro. Qué pendejo eres, de seguro lo dejaste en las revistas. Me voy volado a buscar un teléfono. Jadeando, habló al hotel, les explico. No entienden bien mi historia, la repito dos veces a diferentes personas. Me responden que la persona que abrió mi la puerta de mi cuarto, salió del hotel, regresa en media hora, le van a pedir que busque mi pasaporte entre las revistas, que les vuelva a llamar más tarde. Mi peor pesadilla es ahora una realidad. Una realidad de 200 dólares más, si no alcanzo mi vuelo y tomo el siguiente. Tengo la boca seca, sudo a mares y el fijador del pelo ya no está por ningún lado. Me jalo de los pelos, literalmente, me siento a esperar la media hora. Por el altavoz se escucha desde hace rato el anuncio de mi vuelo. Son las 10:35. Voy al baño, me mojó la cara, intento peinarme, la mandíbula me tiembla. Si no encuentro el pasaporte estoy en un gran problema. Ir a la embajada, pedir una copia, esperar uno o dos días más, buscar alojamiento, gastar mucho, mucho. Salgo del baño. Tengo calor. Me quito la chamarra y me siento de nuevo. Algo me molesta en el pecho. Me reviso la bolsa de la camisa: ahí está. Mi pasaporte completamente sudado, hecho chilaquil. Lo saco, lo reviso, lo beso, sí, éste es, siempre estuvo conmigo, pero yo con mis pinches prisas saque la mica en vez del pasaporte. Me levanto, corro con maletas, sudor y pasaporte al mostrador. La empleada me reconoce de inmediato, le entrego mi pasaporte. Registro mi equipaje, no me dicen nada del sobrepeso. Bendigo a los españoles, a Dios y a todos mi ángeles protectores por ahorrarme tantos problemas. La empleada me entrega mi pase de abordar el cual tomo con fuerza. Lo guardo con sumo cuidado en mi chamarra. Hago fila para abordar. Son las 10:50. El avión se eleva a las 11:10 mientras me reclino en mi asiento, suspiro aliviado. A las 12:00 horas el vuelo 945 sobrevuela el Atlántico, mientras yo me encuentro histérico revisando todos mis bolsillos y mi pasaporte descansa, húmedo y doblado, en el mostrador número 25 de Aerolíneas IBERIA, en Madrid. Pinches prisas.





070496.



jueves, 14 de octubre de 2010

Diez errores imperdonables de etiqueta moderna


Hola a todos. En esta ocasión me gustaría hablarles de algunos errores básicos de etiqueta, que he observado se cometen con frecuencia en nuestros días.






Como ustedes saben, el nombre de etiqueta proviene de los letreros que se ponían en los jardines de Versalles, en los tiempos de los Luises, para indicar lo que estaba prohibido por orden del Rey. Me parece que la etiqueta siempre ha tenido su origen en algún aspecto útil o de sentido común. Ejemplo: La costumbre de saludar con la mano derecha, se remonta a la Edad Media, en la que los hombres cargaban arma blanca bajo el manto. Al saludar al otro, le estamos demostrando que no llevamos espada o puñal (Salud, JC) para hacerle daño y de esa forma mostramos nuestra buena voluntad y honestas intenciones.






Hay distintos tipos de etiqueta: para el trabajo, para escribir cartas, para recepciones oficiales, para el sexo,  para usar un chat en internet. En esta ocasión me gustaría hablar un poco de la etiqueta cotidiana, aquella que utilizamos en nuestra vida diaria y que no tiene que ver con una cena en la embajada francesa o tomar el té con el cónsul británico.






Diez errores comunes que cometemos en etiqueta cotidiana. Van:






1) Dar la mano a las personas que están sentadas a la mesa.

Me parece imperdonable, que cuando estoy comiendo, sentado a la mesa de mi casa, en un restaurant o en cualquier parte (para comer, no para beber o charlar) llegue alguien y me salude de mano. La razón es eminentemente práctica: ya tengo mis manos lavaditas, y la persona que llega a saludarme, viene con las suyas sucias, dejándome su colonia de bacterias en las mías, con lo que nada más tengo dos opciones: aguantarme y seguir comiendo con las manos sucias o ir al baño para lavármelas de nuevo, mientras llega otro efusivo a mi mesa. ¿Qué se debe hacer en estos casos? Cuando me encuentro a alguien conocido, puedo acercarme a la mesa para saludar a él y a sus acompañantes brevemente, un asentimiento de cabeza y un saludo con voz firme y cálida, será suficiente. Si hay mucha confianza con los comensales, puedo darles una palmadita en la espalda o el hombro, para saludarlos, pero lo más importante, debo ser lo más breve posible para no importunar. Nada de abrazos estruendosos y palmadas de aplauso de foca que hacen que todo el lugar voltee a vernos. Discreción y prudencia, es la directriz que no falla.






2) La mujer no se levanta cuando le presentan a otra mujer o a un hombre de edad avanzada.

Existe la creencia, muy difundida desafortunadamente, de que una mujer NUNCA debe ponerse de pie cuando le presentan a alguien. ¿Cuándo deberá ponerse de pie la dama? Cuando la mujer que le presentan sea de mayor edad a ella, de un nivel social notablemente superior al de ella, cuando sea una celebridad, cuando la mujer presentada sea embarazada, o cuando la mujer presentada sea casada y la otra soltera. El mismo criterio aplica, cuando se le presenta un hombre de edad avanzada a una mujer, aquí también deberán ponerse de pie como muestra de respeto. Es una cuestión de jerarquías, pues como dice mi amiga Rocío Maisterra, "Siempre, ha habido niveles". Si no quieren fallar, mujeres, levántese siempre que les presenten a otra mujer y verán que darán la imagen de una persona sencilla, natural y cálida.






3) Al entrar a un restaurante o lugar público, el hombre entra detrás de la mujer.

Aquí es una excepción a la regla de "ladies first". Cuando un hombre llega con una mujer a un restaurant o lugar público, deberá entrar un paso o dos delante de ella, para buscar lugar, anunciarse con el capitán o simplemente asegurarse de que el lugar es seguro para su acompañante. Una vez que tenga mesa, seguirá caminando delante de la mujer, asegurándose de que ella lo sigue de cerca (si son pareja, pueden tomarse de la mano), una vez que lleguen a la mesa, le arrimará la silla a la fémina, este trabajo no debe delegarse a los meseros, quienes sí podrán arrimar la silla de él, quien será el ultimo en sentarse.






4) El hombre acompañado de una mujer, sube o baja escaleras caminando detrás de ella.

Otra excepción a la regla de "Ladies first". Es él quien deberá subir primero la escalera para no dar la impresión de ir viéndole las piernas y el trasero a su acompañante. Cuando baje escaleras, él lo hará primero para poder ofrecerle la mano a su pareja en caso de un tropezón o en el peor de los casos, impedir que el cuerpo de ella siga rodando hasta el siguiente piso en el caso de una caída.






5) Dejarse los lentes oscuros, en lugares cerrados o cuando nos presentan alguien.

Si no se es Aristóteles Onassis, Rigo Tovar o Claudio Yarto del grupo Caló, cuando entremos a un lugar cerrado es necesario que nos quitemos los lentes oscuros. Si nos van a presentar a alguién, también es absolutamente indispensable que nos los quitemos aunque estemos bajo un sol tapatío a mediados de mayo en la calle a las 12 de la tarde (una vez que nos presenten y saludemos, nos los podemos volver a poner). La misma recomendación va cuando lleguemos a una caseta de vigilancia, verán la diferencia de trato cuando se permiten ser vistos por el otro. Pecado capital: dejarse los sun glasses en una taquería y peor aún: portarlos mientras nos refinamos unos de buche y pastor; seremos la viva imagen de un guarura toluqueño o de un líder sindical del SNTE. Los lentes oscuros en los velorios, no tienen razón de ser a menos que sea familiar directo del difunto y sus ojos estén en condiciones desastrosas. Aún en ese caso, es recomendable usar lentes no tan oscuros, sino traslúcidos, que en esos casos son más elegantes y sobrios.




6) Ponernos el título de señor, señora, señorita o cualquier grado universitario.

Esto sí es horriblemente cursi. Presentarnos como: "Soy el doctor Ivanovsky", anunciarnos como: "De parte de la señora Ramírez" o firmar una carta como "Licenciado Trofeo Zárate " es tremendamente provinciano y denota un complejo de inferioridad. Recordemos que los títulos de señor, señora, señorita, don y doña,  son muestras de respeto que nos los dan las otras personas, no nosotros. Usar los títulos universitarios como equivalentes de títulos nobiliarios en Latinoamérica, es común y tremendamente aldeano. ¿Se han fijado en las tarjetas de negocios de los norteamericanos? Rara vez mencionan su profesión, sólo incluyen nombres y apellido. Punto. De aquí en adelante: "Zoila Vaca del Corral, mucho gusto".


7) Vestirse incorrectamente para asistir a un funeral.

Hablando de ropa para funerales, las mujeres tienden a cometer dos errores extremos: llevar ropa apretada, corta o demasiado sexy, para los funerales, nomás que se van todas de negro y con medias negras y creen que ya la hicieron. El otro extremo, sobre todo en mujeres de cincuenta años en adelante, es irse súper fachosas, con ropa tejida, chalecos de enfermera y zapatos de monja. Un traje sastre de buena calidad, con una blusa clara (no es necesario usar negro de pies a cabeza), falda que cubra la rodilla o más larga, según la moda, y joyería muy discreta (perlas o diamantes sencillos, evitar a toda costa la joyería dorada, la voluminosa y la recargada de colores), zapatos de tacón mediano de bonita línea y maquillaje discreto (no es necesario ir de cara lavada), las harán lucir elegantes y apropiadas.  Una bolsa sencilla, sobria, y abrigo y guantes mate, si es invierno, complementarán su atuendo.

Recuerden que en nuestra cultura occidental, no sólo el negro es el color  de luto, también lo es el blanco (que es súper elegante y le da un toque de luz y esperanza al momento), el gris, el marrón, azul marino y también el morado para los católicos. Eviten a toda costa los azules, rojos, verdes, naranjas y cualquier color vivo.

Los hombres se verán apropiados siempre con pantalón y zapatos de vestir, camisa de manga larga en colores neutros y saco o chamarra oscura. Por supuesto, si hay presupuesto, el traje oscuro o de colores neutros es ideal, el cual se puede llevar con o sin corbata, la cual siempre deberá ser oscura. Evitar tenis, pantalones de mezclilla y pantalones casuales.

Los niños menores de doce años, por ningún motivo vestirán de negro, en su lugar usarán colores neutros, preferentemente el blanco.

Recordemos que es la despedida que le damos a nuestro ser querido, arreglémenos apropiadamente para tal evento.


8) El hombre no le cede la parte interior de la acera a la mujer.

En la Edad Media no había drenaje entubado, por lo que los desechos (de todo tipo, y cuando digo de todo tipo, hablo de TODO) eran arrojados a la calle, por lo que los transeúntes eran expuestos a salpicaduras y charcos de dudosa procedencia. En el tiempo de mis abuelos se decía, que el hombre que caminaba con una mujer, dejándola en la parte exterior de la acera, la estaba "vendiendo". En nuestros días, si vamos con una mujer, ella caminará por la parte interior de la acera y el hombre por la exterior, así la protegemos de posibles nalgadas de automovilistas lujuriosos. Claro que como están los tiempos, el automovilista tal vez quiera nalguear al hombre, pero, para eso está uno, jaja. Para ceder la acera a una dama, el caballero caminará por detrás de ella y se colocará en la parte exterior. Los caballeros, o aspirantes a, deberán ceder la parte interna de la acera a las mujeres, niños, hombres maduros que caminen hacia ellos en sentido contrario.



9) No apagar el celular en espectáculos públicos o ceremonias.

Creo que no tengo que extenderme mucho en el tema. En el cine, teatro, ceremonias religiosas o civiles, es indispensable apaguemos el celular o mínimo ponerlo en vibrador. No hay nada más naco que un celular sonando a la mitad de un concierto, denota una total falta de consideración y respeto por los demás y también interfiere con la concentración de los actores o ejecutantes.


10) Tratar despectivamente al personal de servicio.

No sé si sea error de etiqueta o falta de humanidad, pero me parece indispensable incluir este punto. Me parece que la nobleza y calidad de una persona, se aprecian claramente en la forma en la que tratan al personal que los sirve: meseros, capitanes, servidumbre doméstica, nanas, valet parkings, etc. Tratar mal a estas personas, sólo porque se tiene una posición de poder sobre ellas, es una cobardía y habla de alguien muy, muy acomplejado. Es indispensable que seamos educados, cortéses, cálidos con aquellos que nos sirven. Tratarlos mal solo echa lodo sobre nosotros mismos. Respetemos el trabajo y la humanidad de quienes nos sirven y tratemos a todos por igual, sin distingos. He dicho.


























domingo, 10 de octubre de 2010

Las Bugambilias son de Sol. Cuento de Raúl Antonio Reding Díaz. Mayo de 1996.

Hola a todos, retomo este blog con la publicación de uno de mis textos. Como algunos de ustedes saben, muchos años me dediqué a escribir. A continuación les entrego uno de mis últimos cuentos que hice, es de mis favoritos. Espero sus comentarios, atentos a los nombres de los personajes:


LAS BUGAMBILIAS SON DE SOL


                   


Cuando Ismael nació, Sara ya estaba en el final de sus veinte y Nicolás a la mitad de sus treinta. Sara y Nicolás se habían casados dos años antes, después de vivir juntos otros cinco. Ella impartía clases de ballet. Sus movimientos delicados, elegantes, así como sus hombros siempre echados atrás, hablaban de gracia y disciplina desde pequeña. Parecía recortada de un cuadro de Van Gogh. Nicolás era silencioso, melancólico, evaporado de alguna pintura del Greco, con sus manos angulosas y una barba tenaz.


Ismael fue un bebé robusto e inquieto, que a los tres días de nacido rechazó el pecho materno y prefirió engullir latas y latas de leche en polvo. A los ocho meses ya decía "Agua" y "Papá". A los diez, caminaba asido del dedo afilado de Nicolás que lo miraba crecer con esa sonrisa suave e incompleta que lo caracterizaba. Sara gastaba sus mañanas en contemplar al bebé, acariciar sus brazos suaves, jugar con él. Ismael creció muy rápido. A los cuatro años de edad, ya se paseaba por toda la casa, cerraba y abría puertas, desarmaba y examinaba cuanto había en la casa.



- Sara, estoy aburrido.

- ¿Por qué no vas al jardín a jugar con tu balón?

- Es que no tengo con quién jugar.

- Ahorita que termine de hacer la comida, salgo contigo.

- Sara...

- ¿Qué paso?

- ¿Por qué estaba gritando anoche? - Sara palideció y siguió cortando papas.

- Se puso un poco malito.

- Me asustó mucho con sus gritos. Le hace bien feo.

- ¿Por qué no te pones a iluminar el cuento que te compró tu papá mientras termino?

- Me da miedo. ¿Por qué está aquí?

-...

- Yo quiero que se vaya. No me gusta.

- Ismael, ya te expliqué muchas veces.

- Me da miedo cuando le das de comer y le hace así.

- ¿Cómo?

- Así… ¿ves? Se parece al Chóper.

- Ya cállate Ismael.

- ¿Por qué no tengo hermanitos como Huicho? Él juega bien padre con Alex y con Diego.

- Si te portas bien, a lo mejor te compramos uno.

- ¿A dónde vas?

- Voy a darle de comer a Luciano.

- Dijistes que íbamos a jugar. ¿Para qué le das de comer? Ni crece.

- ...Ahorita regreso. Ve al jardín.

- Deberíamos tirarlo. Cuando llegue el señor de la basura le voy a decir que se lo lleve.

- Ya te dijo tu papá que no hables así de tu hermano.

- Eso no es mi hermano. Me da miedo.



Sara enjugó una lágrima con la mano y cerro los ojos cuidándose de que no la viera Ismael. Tomó la charola, abandonó la cocina. Ismael salió al jardín y se entretuvo un rato, tratando de enfrentar a una cochinilla con una hormiga, sin éxito. Luego se fue a sentar debajo de la bugambilia que tanto mimaba Sara con vitaminas y fertilizantes. Sara había cambiado de lugar la planta porque el jardinero le dijo que en la sombra se iba a secar, que las bugambilias necesitaban sol. Ismael permaneció unos minutos arrancando flores y hojas de la planta, haciéndolas rollitos que lanzaba al pasto. Después se levantó para dirigirse sigilosamente a la habitación donde se encontraba Sara, alimentando a Luciano. "Un caso en diez millones", "Un verdadero misterio de la genética", "Un milagro que siga vivo", habían dicho los doctores que atendieron a Luciano desde su nacimiento. Sara y Nicolás habían orado después del parto, "Para que se hiciera la voluntad de Dios". Luciano acababa de cumplir ocho años de edad. Ismael se asomó por la puerta entreabierta. Desde ahí se podía ver la cama con barandales y correas donde dormía Luciano, Sara le daba de comer en la boca. Ismael se quedó muy quieto, observando el cuadro. Sus ojos y boca se abrían, su ceño se fruncía cada vez que observaba esta escena. Desde la puerta veía ojos minúsculos y negros de Luciano, que le recordaban a las lagartijas que perseguía en el rancho de su abuelo. Sara siempre sentía la mirada de Ismael tras de sí:



- ¡Ismael! ¿Qué haces aquí? Van cien veces que te digo que no puedes entrar a este cuarto. Vete al jardín.- Ismael no contestó nada y como siempre, corrió asustado. Luciano bramaba, excitado por los gritos de su madre. La escena se repetía con poca frecuencia, pero cuando acontecía, provocaba una convulsión en la familia: Sara lloraba el resto del día, Nicolás la consolaba cuando llegaba del trabajo e Ismael se iba a su cuarto. Siempre que veía a su hermano tenía pesadillas en la noche y despertaba dando gritos:"¡Me comeeee! ¡Me va a comer, Mamiiii!", entonces Sara y Nicolás acudían al rescate. A la mañana siguiente los tres desayunaban en silencio, como quién ha tenido un mal sueño que no se puede recordar con toda claridad, pero que queda impregnado en el pensamiento por varias horas.



***********



El Dr. Balbuena era el médico de cabecera de la familia. Cada mes acudía a examinar a Luciano, lo revisaba, le hacía preguntas a Sara y después ordenaba cambios en los medicamentos o en la alimentación de Luciano.

- ¿Cómo lo ve hoy doctor?

- Mejor que el mes pasado, Sarita, aunque ha seguido perdiendo peso.

- Sí, ha estado demasiado inquieto y casi no come. Hay algo que Nicolás y yo le queremos preguntar.

- ¿Qué sucede?

- ¿Cuánto tiempo va a vivir?

- ¿Perdón?

- Luciano. ¿Cuánto tiempo más cree que viva?

- Miren, eso ya lo hemos hablado. En casos como este...es imposible hacer cálculos. Sólo podemos especular. Ustedes saben que he buscado toda la información relacionada con este caso, pero es tan extraordinario que no hay antecedente de algo parecido. Es similar en algunos síntomas a otros desórdenes genéticos, a ciertas aberraciones cromosómicas, pero en realidad no encaja e ningún patrón. Luciano podría morir mañana mismo o quizás en diez años. No lo sabemos.




 
Nicolás miraba al suelo con las manos juntas mientras escuchaba las palabras del Doctor Balbuena. Sara suspiraba y acariciaba su nuca. Sus ojos húmedos saltaban del rostro del Doctor al de Luciano y luego escapaban al jardín con su bugambilia.

- Lo que sucede es que estamos teniendo muchos problemas con Ismael. Por más que le explicamos y tratamos de tranquilizarlo, no, no podemos. Le tiene pavor a Luciano. -Acotó Nicolás mientras se ponía de pie junto al barandal de la cama.

- Es natural. Pero son fases de ajuste. Poco a poco el niño se irá acostumbrando a su hermano, creánmelo. Pero el proceso no es instantáneo. Deben ser pacientes y hacer todo lo que les diga el psicólogo.

- Hemos considerado la posibilidad de internar a Luciano. En un lugar especializado. Si solo estuviéramos Sara y yo...pero, Ismael...no queremos...usted sabe doctor, traumas y todo eso. Ismael ha tenido muchas pesadillas.

- Bueno, realmente eso es algo que ustedes deben decidir, quizás el psicólogo los podría orientar más que yo. Aunque si me permiten ser realista, en el estado en que se encuentra Luciano, da lo mismo si está aquí con ustedes o en una institución especializada. De cualquier forma supongo que lo seguirían viendo con frecuencia.

- Por supuesto.- Intervino Sara tajante- Luciano es mi hijo. Y lo quiero. Dios sabe cuánto.

- Yo lo sé Sarita. Podría recomendarles dos o tres hospitales donde la atención es de primera, varios colegas trabajan ahí. Cuando tengan una decisión, llámenme.

- Gracias, doctor.

Luciano seguía con sus dos puntitos negros la figura de Sara. Observaba a los tres presentes, pero siempre más atento a cualquier movimiento de su madre, a cada una de sus palabras. Su respiración era un pesado resuello cuando se quedó solo en su habitación.

**********



La noche en la que el niño murió, dos días después de su última revisión médica, Sara había estado tratando de localizar al Doctor Balbuena, pero no lo encontró. La fiebre había llegado a los 40º C y ninguna medicina parecía servir. El pequeño se revolvía inquieto en su cama, balbuceaba y gritaba. Sara lloraba, marcaba una y otra vez el teléfono del Doctor. Cuando Nicolás llegó, abrazó a Sara y luego al niño. Estaba más tranquilo, pero la fiebre no cedía. Lo envolvieron en una frazada y Nicolás lo cargó hasta el coche. Sara se asomó al cuarto de su otro hijo, y tras comprobar que dormía profundamente, tomó su bolsa y corrió a reunirse con el enfermo y con su marido. Arrancaron a toda prisa. A las 11:43 los doctores avisaron a Sara y Nicolás que el niño había muerto. La autopsia no reveló gran cosa. "Tal vez un desorden en el sistema inmunológico, una sobre reacción a alguna infección, alguna alergia que había pasado desapercibida en el niño, habían provocado la fiebre alta" dijeron los médicos. Ismael había muerto a los cuatro años con tres meses. Nicolás y Sara lloraban abrazados. Permanecieron en el pasillo durante unos minutos. Luego se levantaron. Había que hacerse cargo de los trámites.

**********



- ¿Por qué, por qué Nicolás?

- No me preguntes eso Sara, tú sabes por qué. Estamos pagando un precio alto. Eso es todo.

- ¿Sabes?, creo que Ismael es como mi bugambilia. Necesitaba sol. Aquí sólo hay sombras.

- Sí, creo que fue mejor así.



Sara y Nicolás callaron mientras contemplaban la bugambilia del jardín, sentados en la terraza. Luciano miró fijamente la planta y sonrió por primera vez en su vida. Luciano era el primogénito. El hijo de Sara y Nicolás. El único.



MAYO DE 1996.







viernes, 28 de mayo de 2010

Los Vaselinos Parte II: Ensayos, Estructura Social y Pasarela de Egos

Una vez que terminó el casting, armamos el reparto y nombramos suplentes de cada papel, por si el titular amanecía con dolor de barriga o su mamá le decía que no le daba permiso de ir a la "presentación". A JC le gustaba amenazar a los titulares de los papeles, con que su suplente lo hacía mejor o se estaba portando de mejor manera, o estaba cooperando más con la compañía. De esta manera, el pobre actor se sentía con la responsabilidad de cuidar celosamente su parte y dar el máximo en el escenario para no ser removido y suplido por su reemplazo.


Los ensayos tenía lugar en la casa de Mamá Evita, la abuelita de JC, y por lo general eran los sábados de 9am a 5-6 pm. Como se podrán imaginar, en aquellos años todos teníamos bastante tiempo libre, suficiente para ensayar sin problemas un mínimo de 8-9 horas a la semana. Al ensayo casi todo mundo llegaba tarde (aunque no lo crean, en aquel entonces yo era puntual), desvelados, con la marca del cojín en la cara, los pelos parados, y uno que otro crudo (algunos ya empezaban a tomar alcohol).

JC pasó de ser mi dulce y fiel amigo, a un neurótico director de cine checoslovaco: a todos regañaba, a todos apuraba, hacía berrinches y pataletas por la impuntualidad del elenco o estallaba en arrebatos de furia cuando nos equivocábamos en alguna coreografía que cuidadosamente él ya nos había montado. Todo un caso, mi amigo el neuras, que había descubierto su veta de control freak, ya que perfeccionista siempre había sido, desde que lo conocí a los catorce años.


Los ensayos, eran días de campo gigantes. Todo mundo se tiraba en los jardines a dormir, tomar el sol, platicar, beber y comer mientras que les tocaba su "llamado". Se ensayaba cuadro por cuadro, entonces había varios ratos libres en los que quien no participaba en escena, se las arreglaba para matar el tiempo. Había unas aguas frescas enfrente de la casa donde ensayábamos, en donde ahora es el Hotel Holiday Inn Select, buenísimas por cierto. En cuanto nos salía bien una escena, se escuchaba el grito de "Vamos a las Aguaaaaas" Y JC por más que se ponía enérgico, ordenaba, luego suplicaba, nadie le hacía caso y todos se escapaban del ensayo para tomarse una deliciosa agua de jamaica, limón con chía, mango, guanabana. La tomada de agua nos llevaba por lo menos UNA HORA, por eso se ponía tan mal JC cuando nos escapábamos, mientras el se quedaba muy triste con el libreto en la mano, esperando el regreso de toda la compañía.

Hablando en serio, debo decir que esos ensayos constituyeron una parte importante en nuestro proceso de crecimiento personal. Montar una presentación, exigía un alto nivel de compromiso y de disciplina. Cuando teníamos presentación, ensayábamos DIARIO, dos o tres horas por las noches entre semana y el fin de semana entero. Gracias a los ensayos, aprendimos a trabajar en equipo, a esforzarnos por un sueño, un objetivo, y por supuesto, tuvimos una condición envidiable, pues con tanto baile, nos mantuvimos en esos años en excelente forma física. Si los participantes intentáramos en estos días, hacer las coreografías de nuevo, lo más probable es que el 80% terminara fulminado por un infarto o con varias hernias de disco. Nuestros esfuerzos se veían coronados cuando teníamos la presentación final: todos nos llenábamos de orgullo y satisfacción al ver los resultados de nuestro trabajo. De las presentaciones hablaremos en otra entrada.



ESTRUCTURA SOCIAL DEL GRUPO DE TEATRO LOS VASELINOS.

La estructura social del grupo de teatro, se regía basicamente por un sistema de castas, parecido al de la India:

* Los Mestas y camotes. En la punta de la pirámide social, se encontraban JC y Mariana, era nuestra incestuosa golden couple, todos querían ser como ellos, vestirse como ellos, ser sus cuates, tocarlos, abrazarlos, sentir su luz. Junto con ellos, pero una rayita más abajo, estaban sus amigos anteriores a la era vaselina: Pavis y Yomero, no en balde teníamos las primeras partes de la obra. En ausencia de JC, Pavis y yo éramos los encargados del rebaño, y teníamos autoridad para cambiar papeles y expulsar gente indeseable del ensayo. Tanto Pavis como Yomero, teníamos una importante influencia en las decisiones de la compañía, por lo las personas se acercaban a nosotros para pedir favores, dádivas, citas, reconsideraciones de papel, pues sabían que éramos puerta de entrada para el mero mero de la obra: JC.


* Vaselinos de libreto. Eran todos los actores que tenían un papel fijo en la obra, por supuesto había titulares y suplentes. Obvio que los titulares estaban primero en la escala social, y luego venían los suplentes, que siempre estaban pidiéndole a las fuerzas del mal, que el titular se rompiera una pata o mínimo le diera un ataque de diarrea que lo dejara fuera de la siguiente presentación, para poder entrar ellos y demostrar que lo hacían mejor que el titular. Todos los actores de libreto eran llamados por sus nombres de pila reales. Una curiosa excepción: Sergio Ruvalcaba dejó de ser "Sergio" para convertirse en "Tacho", ya que el nombre de su personaje era Anastasio Godínez. Hasta la fecha, los vaselinos sobrevivientes le decimos "Tacho". Hablaremos de este fenómeno de contaminación personaje-actor más adelante. Hago una corrección, otro caso de cambio de nombre, es el de Mony Rodríguez, a quien todavía algunos le llaman "Frenchy", yo en lo personal, he preferido llamarla por su nombre real desde hace muchos años.

* Vaselinos de coro. Ellos eran los que hacían bola en los números musicales, su función principal era servir como escenografía y marco adecuado, para que los vaselinos de libreto se lucieran en todo su esplendor. Eran también los encargados de labores de limpieza, carga y descarga, y asistían en todo lo necesario a los vaselinos de libreto. Los vaselinos de libreto tardábamos varios meses en aprendernos sus nombres, y hablábamos de ellos con referencias como: "la gordita", "el chavo moreno flaquito", "los hermanitos güeritos". Un vaselino de coro, no podía ser invitado fácilmente a reuniones de vaselinos de libreto, tenían que hacer méritos y muchos favores para poder ser incluido en los convites de sus superiores. Otra función de los vaselinos de coro, era hacer labor de promoción, trepados en coches y camionetas, se paseaban caracterizados por todo el pueblo, anunciando las funciones que se llevarían a cabo.


En caso de un atentado, los vaselinos de coro tenían la instrucción de cubrir con sus cuerpos a los vaselinos de libreto, para salvaguardar su integridad física. Ocasionalmente, los vaselinos de coro cubrían papeles en presentaciones low profile, ahí se les daba su oportunidad de que se foguearan y se echaran su cascarita.


* Invitados y colados. Eran los hermanitos, familiares, amigos y novi@s de los vaselinos de coro. Les encantaba el desmadre que hacíamos, y con tal de no estar en sus casas, se la pasaban todo el sábado viéndonos ensayar. A cambio de que los dejáramos estar con nosotros, tenían que mostrarse serviciales y cooperar en todo lo posible con la compañía, por ejemplo, prestando su coche o ayudando a pintar escenografía, vender boletos, etc. Este grupo social era prácticamente invisible y no podían ver a los ojos o tener contacto físico con los vaselinos de libreto.



PASARELA DE EGOS. WHO WAS WHO?


¿Quiénes eramos los protagonistas de esta aventura? Paso a dar un panorama general. En primer lugar, les doy el contexto en el que se desarrolló este proyecto. Televisa Guadalajara acababa de abrir su Centro de Capacitación para actores, y JC era alumno de la primera generación. Semillero de actores (algunos, otros se quedaron en el intento), esta escuela cultivó talentos como los de Eduardo España (Doña Márgara Francisca), Sergio Catalán, Carlos Torres, Luis Orozco, Carlos Escalona, Víctor Córdova, Indra Zuno, por mencionar algunos. De esa escuela, compañeros y amigos de JC, salieron algunos de los vaselinos. Hagamos un recuento de cada personaje:

Danny Seco: el protagonista de la pieza, interpretado sempiternamente por Juan Carlos Mestas. ¿Qué les puedo decir a aquellos que no conocen a JC? Pues para mi JC es una referencia importantísima en mi vida, ha sido un amigo, hermano, guía, apoyo. Hemos llorado, reído, emborrachado juntos. Para mí, JC se define con una palabra: es un SOL. Siempre alegre, siempre de buenas, amiguero, concho, campechano, fiestero y seductor. Tuvo sus queveres con la mitad de la compañía, bien Roman Polanski la cosa, jeje. Este papel también lo desempeñó ocasionalmente Aldo, con resultados desastrosos.


Sandy Tontales: la coprotagonista, interpretada por varias mujeres: Mariana Mestas, que de tontales NUNCA ha tenido nada. Le sabía dar el tono ingenuo y acartonado que requería el papel, en una recreación muy parecida a la que hacía Sasha Sokol en los desaparecidos Televiteatros. Anécdota: cuando Mariana fue a estudiar a Europa, y regresó en las primeras vacaciones, lo hizo con 10 kgs de más. Tuvieron que hacer ajustes en el vestuario (con la faldita de colegiala, parecía más bien Evita Muñoz Chachita en "Nosotros los pobres") y en escena parecía la mamá de Danny Seco. Lucy Hernández también hizo el papel, en un tono más débil y con un impresionante desempeño en la parte del baile y la coreografía. Else Herrmann también lo llegó a hacer, desde una interpretación mucho más snob. Su belleza iluminaba el escenario. Otras chicas interpretaron el papel ocasionalmente, sin pena ni gloria.


Sonia: Es la jefa de las chicas malas de la secundaria, originalmente fue interpretada de manera magistral por Ana Paula Pérez, (Pavis), quien le daba el toque de bitchy y de sofisticación zorruna que requería el papel. Luego lo hizo Adriana, no recuerdo su apellido, quien también venía de Televisa y luego se convirtió, tengo entendido, en una conocida conductora de radio. Tenía una voz muy padre, ad hoc para el papel, nomás que se veía más grande que yo, jaja. Maricarmen Cadena también lo hacía bien de chica mala, pero en un tono más foxy. Rubí también hizo una interesante representación de este papel, en las últimas etapas de la obra. Este personaje era mi pareja en la obra. No comments, please =)))
Kiko: El jefe de los chicos malos y pareja de Sonia. Es el mejor amigo de Danny Seco. ¿Qué les puedo decir de mi interpretación? Pues que yo me divertía horrores haciéndo el papel y creo que la gente también. Me chocaba la parte en la que yo cantaba de solista ("Rayo Rebelde"), esa sí me pudría hacerlo, además de que tenía que brincar del escenario para estar con el público. Anécdota: En una presentación, en Lindavista, Jalisco, no medimos bien la altura del escenario, y resultó que era mucho mayor de lo acostumbrado. Llegó el momento de lanzarnos y zas, caímos de cuclillas con las rodillas a la altura de las orejas y con dos centímetros menos de estatura, debido a la compresión de nuestra pobre columna vertebral. Sospecho que varios traumatismos y daños lumbares que tengo hoy en día, se remontan a esos días y al famoso brinco final del numerito en cuestión. Este papel también lo hizo de una manera modesta, un cuate que se llamaba Enrique (era mi reemplazo en presentaciones en rancherías) y después Carlos Escalona quien lo hacía en un tono más serio y más de pandillero, más cercano a su versión cinematrográfica en Grease. En lo personal, creo que mi interpretación era la más divertida de los que hicimos el papel, la más fársica, y como dirían los griegos clásicos, "Habrá más chichonas, pero no con tanta leche".


Chiquis: Interpretada originalmente por Rosita Suárez, le salía muy bien. Era una girl next door. Sorry pero es la única interpretación que recuerdo.
Lalo: Pareja de Chiquis. Este papel lo hacía al principio Carlos, el amigo de Paty Armenta y Queta Chávez. Luego lo interpretó Héctor Sánchez, de una manera muy divertida, pues sólo se le entendía el 35% de lo que decía y además inventaba nuevos y rebuscados vocablos como "pitumbfla" o "secgsbatsy". El ángel de Héctor, se intensificaba en el escenario, y aunque nadie le entendía nada, todo mundo suspiraba por él y a todos caía de luuujo.


Tacho (Anastasio Godínez): Me cuesta trabajo recordar a otro que no sea Sergio Ruvalcaba. Con su acento chilango fresa, le dio mucho color a este personaje y su aire de niño desvalido le ayudaba un montón. Hasta la fecha, Sergio no es Sergio, es Tacho.

Licha: pareja de tacho, la material girl de la obra, interesada, calculadora, "A veces me das miedo, Teresa" fue interpretada en un principio por una güerita amiga de JC, cuyo nombre escapa a mi memoria, creo que se llamaba Ana Laura. Luego el papel lo hizo Mony García (también del Centro de Capacitación de Televisa) y luego Karla, una chica que a la menor provocación se encueraba y nos mostraba todo lo que no nos interesaba ver (en el pecho no sabíamos si eran sus senos o dos espinillas que le habían salido por el estrés).

Memo: era el chiquilín de la obra, la mascota. Hubo varios actores. El más constante fue Aldo, que era muy simpático aunque a veces se le olvidaba la guitarra en la escena de "Do, do, do Do do do la la fa" tenía mucho ángel y bailaba muy bien. El sueño de Aldo siempre fue ser Danny Seco, y cuando tuvo la oportunidad de hacer el papel en Ajijic, los nervios se lo comieron y le salió espantoso todo el papel. Pero el público, acostumbrado a puros jaripeos y charreadas, le encantó la puesta en escena y aplaudió benévolamente. Su pareja era:



Frenchy: La chica que no le gusta la escuela y quiere ser cultora de belleza. En la época que yo estuve en la obra, sólo hubo una valiente que se animaba a salir con esos tonos de pelucas: Mony Rodríguez, que todavía es perseguida por sus crímenes contra la moda. Mony tiene la particularidad de no poder hablar más de dos líneas seguidas sin que se le trabe la lengua. Vocablos y expresiones como macaguaya, veveno, pamcana "trío de tres", "partir en partes" y otras por el estilo, siempre han formado parte de su colorido léxico. Sus problemas de dislexia no le impiden ser una feliz niña Teletón hoy en día.


Paty: Es la sangrona de la escuela, la barbera de los maestros, la jefa de porristas. En su primera etapa interpretada estupendamente por Ángeles, luego ella abandonó la compañía y entonces Boris (Alejandro Pineda) nos platicó que él conocía a una amiga que vivía por su casa, que pensaba que le podía quedar perfecto el papel. Tons conocimos a Cintya Ramírez, quien se apropió el papel sin problemas, y constituye un interesante caso de fusión personaje-actor, ¿En dónde iniciaba Paty y en dónde terminaba Cintya? A saber...


Eugenio: era el niño bobo de la Secundaria, interpretado por Enrique Rubio. Le salía rebien cuando los chicos malos lo montoneaban y lo hacían llorar.


Ricky Rockero: En la obra, es un locutor de radio que es el héroe de todos los chavitos de la Secundaria Nacional. Seductor, galán, desenvuelto, cobró vida en el cuerpo de Miguel Zárate, quien también venía de Televisa. Miguel hacía estupendamente el papel siempre y cuando no lo pusieran a bailar (tenía dos pies izquierdos y era completamente arrítimico). Las famosas patadas acompañadas con los platillos de la batería, NUNCA, NUNCA le salieron bien.
Cha Cha Di Grigorio: En la versión de Timbiriche, es una gorda urgida que anda tras Danny Seco, una especie de empleada doméstica hiperalimentada. Interpretada por Boris (Alejandro Pineda), a quien siempre le ha gustado jotear y le sale rebien. Con su vestido de india mazahua y sus trenzas negras de estambre, ver a Boris bailar "El Rock nació conmigo" mientras cargaba a Danny Seco (JC) era todo un agasajo para los sentidos.



Seño Torres: es la maestra regañona de la secundaria. Este papel fue interpretado por varias personas, no recuerdo ahorita alguna en especial, tal vez a Erika Laffaire, pero no estoy seguro. Era un papel sencillo que se lo enjaretábamos a cualquiera que pensáramos que se veía más grande que los demás en esa época.


El Ángel: este personaje sólo salía en un número musical con Frenchy : "Vuelve a la escuela", y creo que la intepretación mas memorable, fue la que hizo Carlitos Ruiz de Alba (qepd) en el Foro de Arte y Cultura, con sus 1.90 mts y su extraordinaria delgadez, la gente no paraba de reir al verlo con su túnica blanca, alitas y aureola.

Estos fueron los personajes que recuerdo, a lo mejor hay más pero por el momento no los tengo presentes. Seguro cometo omisiones, recuerden que con sus comentarios podemos completar estos retazos de nuestras vidas. Han pasado veintidós años ya, y a veces no tengo acceso inmediato a toda la información guardada en mi disco duro.
Espero sus comentarios y nos vemos la próxima entrega. Recuerden reenviar este blog a sus contactos que crean que les pueda interesar. Un abrazo.

sábado, 22 de mayo de 2010

Los Vaselinos Parte I: Nace una Estrella


Una de las experiencias más significativas en mi vida, ha sido la de participar en la puesta en escena por más de tres años, de la obra "Vaselina", inspirada en la versión Timbiriche de Julissa. En el verano de 1988, Juan Carlos, mi amigo de toda la vida, y yo, viajábamos de regreso de la Ciudad de México a Guadalajara. Habíamos pasado unos días de vacaciones por allá y veníamos platicando de varias cosas. Entre ellas, JC me comentó de su idea de montar la obra mencionada en la ciudad de Guadalajara. A mí me pareció tan absurda y fuera de lugar su ocurrencia, que ni siquiera la tomé en serio. JC me pidió ayuda para su proyecto y yo recuerdo que me reí mucho. Algo le aposté, no recuerdo qué, y le dije que si yo perdía la apuesta entonces le ayudaba. Total que perdí la apuesta, y más por cumplir mi compromiso que por ganas, nos pusimos a montar la pieza.


JC tenía el libreto original de la obra, así como toda la música. Tons lo primero era el casting. Pues JC puso anuncios radiofónicos (En Súper Stereo, la estación poppera del momento entre los chavitos) convocando a los aspirantes a que asistieran a la casa de su abuela (Mama Evita), ubicada por la ahora Glorieta de La Estampida, un sábado por la mañana. La respuesta fue enorme, nunca la imaginé. Han de haber pensado que la producción iba a ser profesional o no sé qué sucedió, pero fácil fueron cien personas a audicionar. Yo sabía de teatro y de coreografía, lo mismo que sé ahorita de motores diesel. Pero le había hecho una promesa a mi amigo y no me iba a echar para atrás. "Ayúdame con las audiciones de actuación, ándale. Ponles la escena y vas escogiendo a los que lo hagan mejor" Me había pedido mi amiguito, mientras él se encargaba de las audiciones de coreografía.


Pues ahí me tienen, muy mono, poniendo las escenas con ayuda del libreto y dizque seleccionando a los mejorcitos. Es importante señalar que yo nunca había actuado ni tomado clases de actuación, salvo en algún festival de la escuela y de manera muuy silvestre. Las horas fueron avanzando y aunque me costaba reconocerlo, le iba yo tomando gusto a eso del casting (Nepotismo puro, yo estaba de seleccionador por ser amigo del director, no por mis conocimientos ni talento) y para el mediodía, yo me sentía todo un Andrew Lloyd Weber o mínimo un Manolo Fábregas del choubisnesss. Con ceja levantada, y dedos índices apoyados en la nariz y toda la cosa, ya era capaz de detectar el talento histriónico de los aspirantes a formar parte de la magna producción musical. JC y yo, éramos los más "viejos" del proyecto, ambos contábamos con diecinueve años. Las edades iban de ahí para abajo, hasta llegar a chavitos de doce-trece años.







El día avanzaba y las audiciones también. Llegó el momento de elegir al actor que interpretaría a Kiko, el mejor amigo de Danny Seco, o sea, la primera parte masculina. Ah, por cierto, los papeles protagónicos eran para los hermanitos Mestas (JC=Danny Seco, Mariana=Sandy Tontales), les digo que era bien democrática la cosa. Y bien incestuosa, ahí estaban JC y Mariana cantándose en la escena del autocinema como el dúo Pimpinella. Total que para hacer la selección de Kiko, les puse una escena por demás cómica. Pero los aspirantes al papel, no daban una. Les faltaba garra, les faltaba voz, les faltaba malicia. Kiko era un niño malo, un rebelde sin causa de los 50's, pero en la versión de Timbiriche, era una caricatura de un malo, no un malo-malo, jaja. Total que me pongo de director de escena y zas, que los presentes se ríen de cómo lo hacía yo. JC pasa por ahí y se me queda viendo. Luego se me acerca discretamente y me dice con su sonrisa de menso, "Oye, ¿por qué mejor no la haces tú de Kiko? Te sale mejor que a los demás" Y yo "Para nada, JC, ya te dije que yo no sé actuar y que te iba a ayudar con otras cosas, yo no sirvo para esto ni me gusta" Y JC, que tiene más saliva que un merolico y es más persuasivo y manipulador que un vendedor de autos usados, me convenció de que hiciera el papel "sólo por un tiempo, mientras que encontramos a alguien que le salga bien" Pues con la pena, les avisamos a los aspirantes que por lo pronto el papel de Kiko ya estaba tomado y que luego buscaríamos al suplente, Jaja, ¿Así o más crueles los ejecutivos de la producción?


Ahí fue donde conocí a los que serían mis amigos de toda la vida. No los únicos, pero definitivamente sí de los principales, mi círculo de apoyo, mis hermanitos por elección (en desorden): Miguel, Boris, Enrique, Mony, Tacho, Héctor, Else, Lucy, Juan Adrián y muchos más (A los hermanitos Mestas y a otros más ya los conocía desde tiempo atrás) Muchos otros amigos , se integraron al proyecto con funciones diversas: actores, "coro", choferes, cargadores, tramoyistas, promotores, patrocinadores, vendedores de boletos, lavadores de cerebro y embaucadores. Luego vendrían los cónyuges, novios, amasios y demás, que se sumarían a la bola. Calculo que en presentaciones, la compañía en total llegó a tener cincuenta personas más el montón de colados y pegostles que les gustaba unirse a la guarará de la obra musical.


En mi siguiente entrega, les platico cómo eran nuestros "ensayos" y cómo fue nuestro debut artístico en las Fiestas de Octubre de 1988. Espero sus comentarios.


jueves, 6 de mayo de 2010

Consejos no pedidos a una nueva mamá


Hola, K, ¿Cómo estás? ¿Cómo está la nena? ¿Cómo te sientes de mamá? Me imagino que es una experiencia completamente renovadora y diferente a cuanto pudiste haber vivido. En cuanto te asientes con tu rutina, en unos días o semanas, pensamos ir a visitarte J, L y yo.

Te he traído mucho en la mente. Me enternece mucho cuando me compartes todos los cambios que ha sufrido tu vida, y cómo vas tratando de asimilarlos de acuerdo a tu capacidad.

En esto de ser padres no hay instructivos ni entrenamiento previo. Confía en ti, en tu sentido común, en tu sexto sentido, en tu intuición. No hay forma de que te puedas equivocar. Fíjate, hay algo que yo he aprendido con mi hermana. Ella trata a sus hijas y las educa, como le hubiera gustado que la educaran a ella. Te puedo decir que hasta la fecha ha hecho un espléndido trabajo con las niñas. Ay, ya me voy a poner dar consejos, pus ni modo. A mi humilde manera de ver, aunque nunca he sido padre y lo más seguro es que por decisión propia no lo seré, sí he sido hijo. Hay tres cosas que me parece que nunca pueden estar mal o sobrar en nuestro papel como padres. Son sencillas directrices que pueden guiar tus acciones particulares. Ahí te van:

a) Pase lo que pase, ama a tu hija y hazle sentir tu amor incondicional. Recuerda que los niños encuentran su propia autoestima y aceptación en los ojos de lo adultos, especialmente en los de sus padres. Ámala mucho y que ella se de cuenta de ese amor, que lo sienta.

b) Alienta la confianza y seguridad en sí misma. Que se sienta cómoda con quien es y con sus capacidades. Que sienta que siempre puede estar ella para sí misma, sin evaluaciones ni juicios. Sin exigencias de que deber ser la más aplicada de la clase o la mejor doctora del mundo. Me asusto cuando los padres, según eso muy abiertos, dicen: "A mí no me importa que mi hijo sea barrendero, pero eso sí le pido, que sea el MEJOR barrendero del mundo " ¿Qué hay de malo, a fin de cuentas con el desempeño mediano o modesto? Creo que lo más importante es que ella sea feliz, y que siempre lo tenga presente como valor supremo para si.

c) No le estorbes a su crecimiento. Bastante harás con seguir este punto. Observa por dónde va ella, cuáles son sus aficiones y sus inclinaciones, y aliméntalas. Te gusten o no. Que se desarrolle y desenvuelva por dónde su inclinación natural se lo marque. Tú ya viviste tu vida, y si te hubiera gustado ser bailarina de ballet, tu hija no tiene que ver con eso. Tal vez decida que ser leñadora es lo suyo.

Perdón por los consejos, pero desde hace tiempo (años) quería dárselos a alguien que yo sintiera que pudiera apreciarlos en su justa medida, sin considerarlos una intromisión.

Ya habrá tiempo de platicar y armar nuestro grupo de crecimiento. Nos hace mucha falta a todos. Te quiero muchísimo y me da mucho gusto el nacimiento de V. Un abrazo fuerte para D.

Con todo mi cariño,


Raúl.


martes, 4 de mayo de 2010

Tercera llamada. Comenzamos

Ésta es la tercera llamada. Comenzamos. A partir del día de hoy, inicio este nuevo proyecto que me emociona muchísimo. El poder compartir "retazos" de mi vida, mi sentir y mi pensar, a lectores reales o imaginarios, a amigos y a desconocidos, es algo que me hace sentir muuy bien y me produce cosquilleo en el estómago.





En el proyecto original, mi intención era hacer un blog dirigido a la comunidad gay en Guadalajara y que éste se enfocara a las relaciones, estilos de vida y problemática de este grupo social. Sin embargo, la idea me pareció después limitante; tenía ganas de hablar de todo un poco, y al ponerle una temática tan específica, sentía que me constreñía, me limitaba como creador a una parte importante de mi vida, sí, pero que no era TODA mi vida...¿Por qué elegir sólo una parte si podía hablar de lo que se me antojara?



Entre un montón de actividades, hay dos que disfruto intensamente: escribir y el contacto con la gente. Este blog es la oportunidad perfecta para combinar ambas cosas. Una tercera disfruto mucho también: opinar. Dar mi punto de vista. De todo y de todos. Expresarme. Sin adoctrinar, sin imponerme, simplemente opinar, compartir una parte de mi mundo. Recibir retroalimentación. Aprender de los demás, conocer otros marcos de referencia. Por eso me gustó tanto Facebook desde un principio. Pero sentí la necesidad de hacerlo de una manera más disciplinada, más "formal". Luego vi una película que me acabó de inspirar, y aquí estoy.



Mis conocimientos técnicos de edición HTML, blogs y demás, son mínimos. Leo y releo las instrucciones para poder configurar todo esto. Hay montón de cosas que aún no entiendo, pero creo que lo haré sobre la marcha. Espero también que la retroalimentación de mis lectores, me sirva de ayuda.



El nombre de mi blog, me resultó difícil elegirlo. Los que me gustaban mucho, ya estaban ocupados. Necesitaba algo que estuviera muy relacionado con mi historia. Y recordé entonces esa excelente obra de teatro que jamás olvidaré y que se convirtió en una de mis preferidas de todos los tiempos, a pesar de haberla visto una sola vez a fines de los 80's: "Falsa Crónica de Juana La Loca", de Miguel Sabido, con la actuación estelar de Alma Muriel como la reina Juana y María Elena Saldaña, que hacía un excelente papel de narradora-menina de la corte, muy lejos de sus interpretaciones actuales que me parecen execrables y predecibles. Una OBRA, así, con mayúsculas. La interpretación de Miguel Sabido de lo que pudo haber sido la historia de Juana, hija de Don Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, los Reyes Católicos, y su casamiento y viudez con Felipe El Hermoso. Me gusta la palabra "Falsa", en ese título, porque con él su autor se deslinda de las exigencias del rigor histórico que le correspondería a un biógrafo serio.



De la misma manera, esta crónica de mi vida, o al menos, de partes de ella, puede ser falsa o cierta, según diferentes actores, escenarios, opiniones y lectores. En todo caso es MI versión de MI vida...¿Quién se atreve a decir que estoy mal o que estoy bien? FALSA CRÓNICA, entonces, me parece más divertido.


El telón se levanta lentamente, la música suena suavemente, el escenario se empieza a iluminar. Comenzamos.